10.15 saturday night

Andaba yo por el puerto de Mahón, era de noche y mi inseguridad se veía menos. Mis sienes palpitaban al ritmo de mis pasos, y las punzadas de dolor, ahora sí, ahora no, se distraían con el alcohol. Entré en el Akelarre, muy oscuro, poca gente, el camarero de siempre. Empezó a sonar “10.15 Saturday Night” de The Cure, y las notas me sedujeron enseguida, “me encanta esta canción, ¡qué la pongan en mi funeral!”. Me sentía tristemente poderosa, inflada, como elegida. La tristeza es un tipo de energía muy potente, y volé lejos, tan lejos que me perdí.
No me encontré hasta al cabo de un rato, pudieron ser años pero creo que sólo fueron minutos. Dos voces que me resultaban familiar susurraban angustiadas, mientras unas manos hurgaban nerviosas en mis bolsillos: “Joder, ¿pero no lleva llaves?, ¿y ahora cómo coño la metemos en su casa sin que sus padres se enteren?.”
Yo no me movía del frío suelo, de la humedad de mis ropas. Sólo pensaba: “Es vuestro puto problema, yo no me puedo mover, no puedo abrir los ojos, ni siquiera puedo levantar un dedo a modo de señal. Se está tan bien en el suelo…”.
Empecé a oír más voces, esta vez desconocidas: “Qué hace esta niña aquí?, ¿la conocéis?..., habrá que llamar a una ambulancia…, ¡Jorge!, ves al coche patrulla y que venga una ambulancia, ¡corre!… Está empapada, pegajosa y apesta a alcohol ¿qué narices le habéis echado encima?..., ¿de verdad creíais que se iba a despertar tirándole vodka en la cara?, (suspiro) lo único que teníais a mano ¿eh?... Venga, que una de vosotras suba con la chica a la ambulancia … y por favor, no ayudéis a nadie más por esta noche…”.
A partir de ahí pasaron muchas más cosas, pero yo no las recuerdo…

Mis párpados se separaron despacito, muy despacito. Al principio todo estaba borroso, no conseguí enfocar. Sentía una paz inusual, me hallaba muy relajada, descansada. Estaba como pegada a esa cama, hundida, recuerdo una sensación gustosa de confortabilidad absoluta. Tras parpadear unas cuantas veces conseguí enfocar, vi gotas cayendo rítmicamente por un cilindro y desapareciendo por un fino tubo que llegaba hasta…. mi muñeca.: “…and the tap drips drip drip drip drip drip drip drip... “
En segundos hice de esa parte un todo y contextualicé lo que veía: El suero cayendo mecánicamente en mis venas, esa luz blanca, tan impersonal... Abrí la boca, estaba seca, acartonada y al coger aire para gritar, note un fuerte pinchazo en las sienes. Giré bruscamente mi cabeza hacía el otro lado de la cama y lo entendí:
-“Menuda noche la de ayer… “, dijo mi madre.
Mi madre estaba sentaba junto a mi cama, mirándome fijamente, con las ojeras pintadas de azul. Sus ojos se le habían caído a los lados, parecía triste, triste de verdad. Evité mirarla a los ojos, ojala estuviera enfadada, pero estaba triste, muy triste.

8 comentarios:

  1. De noches así con el botellón ahora... a mares.
    Una pena, pero es lo que hay.
    Real, cruel relato, pero transparente y de artículo.

    Un beso.

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  2. las noches implican tantas cosas en ella..

    de noches a noches existen desamores...desesperanzas.. y agrios despertares..

    me encanto leerte

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  3. ¿Cómo pude olvidarte? Increíble. Te coloco entre mis bitácoras y ya no volverá a ocurrir.
    Un beso renovado, María!!

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  4. Y esa tristeza duele más que cualquier "torta", no? sea física o moral...

    Yo también recuerdo sapos y culebras en forma de algún "aprovechado" que quería "idem" de la situación, y eso si me duele cuando lo pienso...

    Besos!

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  5. Me tienes de fan/fiel. Me ha encantado leerte.
    Relato de la tristeza del otro, de ese que te quiere. La rabia es fácil, la tristeza dura.

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  6. Es para siempre,imposible de olvidar, una madre a la que has traido la tristeza de la que posiblemente querías te redimiera.
    Sin ella la noche,te hubiera sido más fácil de olvidar...

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  7. Muy real. Además lo haces en primera persona, asumiendo que algún lector asocie el texto escrito con el escritor como algo vivido realmente y no evocado con fantasía. Das toques de realismo: "se está tan bien en el suelo".

    Por desgracia es muy actual. Incita al debate. Sólo puedo añadir que la prohibición taxativa del alcohol desde muy pequeño sólo significa un estímulo para que a la primera ocasión se beba sin mesura y sin límite. Ese es un dato contrastable. En esa época (la de The Cure) nos tomámabos el último cubata compartido entre 3 pues no había más dinero. Además no hacíamos nunca mezclas raras. Tampoco provocábamos altercados. En cambio en nuestra superprotectora sociedad, los seguratas han llegado a dejar en la calle con 0º a un muchacho al borde del coma...

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