Con la palabra en la boca

Se murió de repente, que es lo mismo que irse sin avisar. Lo que resultó fue una conversación a medias, un abrazo pendiente, un beso a la espera, una invitación a comer y una comida que no fue. También una reconciliación de película que me tuve que imaginar, y en definitiva, se quedaron un montón de cosas en el tintero. Hoy existe a través de algún suspiro que a ratos le dedicamos, o de una foto suya que a veces comentamos.
Se me ocurre pensar mientras escribo que ya no me gusta que me hagan fotos. Y no me gusta desde que mi madre que es muy guapa pero nada fotogénica, mirando las fotos de mi boda soltó algo así como: “¡Qué horror!, pasaré a la historia como un callo malayo”. Me hizo gracia, me reí, y luego me congelé; Nunca había pensado en una fotografía de esa manera, como el único testigo mudo que quedará, lo único que trascenderá de mi (todavía no he inventado nada por lo que merezca ser recordada, por que…, saltar mientras te hurgas la nariz ya está inventado ¿no?).
En fin, que me imagino a mi tataranieta observando una foto mía y comentando: “Vaya, la tatarabuela estaba un poco gorda ¿no?”. Y yo desde el cielo gritando horrorizada: “¡Qué nooo!, que en esa foto estaba embarazada de tres meses. Yo siempre he tenido tipín...”. Y la otra seguiría: “Vaya, en esta foto la tatarabuela tiene cara de mal genio, no parece que fuera muy agradable…”. Y yo desesperada en mi nube: “¡Pero si era un auténtico encanto!, ya te he dicho que estaba embarazada y vomitaba cada media hora, ¿con qué cara vivirías tú eso?…”. Pero mi tataranieta no me escucharía porque yo estaría en el cielo a muchos besos de distancia, y ella se quedaría mirando la foto en la que aparezco con sobrepeso y cara de pocos amigos y remataría: “Así que esta era mi tatarabuela…”.
Tengo razones de sobra para que no me guste que me hagan fotos.
Se fue de repente, sin avisar y ya no habrán más fotos de Él que las que hoy existen. Pero al menos sus fotos tienen relieve, tienen chicha, mucho olor y mucha vida. Porque quien las contempla no es su tataranieta si no yo, que tuve la suerte de compartir vida con Él. Porque las miro desde el balcón de mis sentimientos, por que las contemplo con pesar y culpa. Porque las observo sin creerme que Él ya no saldrá en más fotos, y que ya se acabó. Porque se convirtió en mi primera lección de muerte. Porque hasta ese momento yo tan sólo vivía sin pensar que las cosas tienen un final, y ahora sé, que antes no sabía, que mejor no dejar nada para mañana, sobre todo si se trata de una disculpa, un beso o un te quiero.
Él se fue de repente, sin avisar, sin decirnos nada y a mi me dejo con la palabra en la boca, me la tragué y me indigesté: “Te quiero y, lo siento”.

15 comentarios:

  1. Bello
    (Ay, me encantaría hacerte una foto!)
    Besos

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  2. María: mira el pajarito y, por si acaso, sonríe.

    Me encantó tu otra forma de calcular la distancia: "estaría en el cielo a muchos besos de distancia". Buenísimo.

    Saludos lelos!!!

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  3. Navegando, navengando, he llegado hasta aquí... que suerte he tenido de leer algo tan bueno. Me encanta.

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  4. María...!que bonita entrada!, y, !qué razón tienes en esa reflexión: mejor no dejar nada para mañana, ninguna disculpa, ningún te quiero y, ni mucho menos uno o mil besos!, porque lo que no se dice y no se da, no se oye y no se siente, y, claro, se tiene que imaginar, pero no es lo mismo....en absoluto es lo mismo.

    Siento que esta persona tuya se fuera sin avisar, yo, a veces he pensado en ésto. A mi, no me gustaría irme sin avisar, todo lo contrario, me gustaría irme avisando de que me voy, despidiéndome, cerrando mis ventanas y mis puertas despacito, así que, por si acaso, voy a no dejar pasar ni un solo te quiero ni el más chico de los besos, y voy a ser pródiga en disculpas y en perdones...por si acaso, ya sabes, por si las moscas.

    Por cierto, yo salgo como un callo malayo en casi todas las fotos, !que injusticia por dios!

    Te mando un besote bien gordo y sonoro... buen finde

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  5. Claro mi amigo también se fue hace no más seis días. Pero murió feliz, después de celebrar su cumpleaños con una gran fiesta que él mismo preparó.
    Y se quedó dormido en la hamaca, cuando todos de habían ido su corazón se detuvo.
    También quería un almuerzo con él en el medio día de sol.
    besos para él y para mi amigo...
    y que tal vez conversen ellá en el Nirvana

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  6. Lindo relato, María.
    Un fuerte abrazo!!

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  7. Ais, que bonito y que triste es echar de menos... Lo has expresado maravillosamente en este relato.

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  8. que bonito relato, que bonito es navegar y encontrar esta maravilla de isla!!!

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  9. Cada vez que puedo, saco fotografías de quienes quiero y aprecio, muchos se mueren sin avisar y eso no necesariamente tiene que ver con la edad.

    Saludos y me gusta mucho este blog

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  10. Hola! supongo que lo que he pensado es que con solo leer tu cv ya me había gustado tu texto. Te seguiré leyendo.
    Un beso.
    LADY JONES

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  11. hola!
    pasaba a invitarte a mi caja..
    un abrazo!

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  12. Me gustó tu texto. Imagen y palabras.
    No podemos controlar quien entra y sale de nuestras vidas. Ya al nacer, ni siquiera sabemos qué puertas se cerrarán, cómo, y quienes llegaremos a ser.

    Un abrazo.

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  13. María:

    Me ha gustado mucho tu relato, es como si lo hicieras vivir a quien lo lee y uno también echara de menos a esa persona o alguna persona.

    Como dice la canción: "...todo tiene un final, todo termina..."

    Te envío mis saludos.

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  14. Repito lo que dijo apm.
    Mañana siempre es tarde, me decía mi padre.
    No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy.
    Si avisas será menor la sorpresa, pero seguirá siendo una partida no deseada.
    Un adios, o un hasta luego, parece que aproxima un poco la distancia entre hoy y mañana.
    Mañana no existe, siempre será mañana.
    Jecego.

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  15. Hola, María. No sé bien cómo he llegado hasta aquí, supongo que saltando de blog amigo a amigo de amigo.
    Muy interesante, más por como escribes que por lo que escribes. Muy buena pluma.
    Te saludo en esta entrada porque es la que más me ha dolido. Esta duele, sí.

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